Sangre para Halloween: la seductora historia del cine de terror

Estamos en la semana de Halloween, ocasión más que propicia para hacer un recorrido por la trayectoria del miedo en la gran pantalla, desde que despuntó como base de un taquillero género, y sus consecuentes subgéneros, en la década de 1930 hasta nuestros días.

Sangre para Halloween: la seductora historia del cine de terror

El cine de terror existe como tal desde mediados de la década de 1930. En sus inicios, estuvo muy influenciado por la literatura gótica de autores como Bram Stoker, Edgar Allan Poe y Mary Shelley. Apoyarse en esta fuente resultó todo un acierto, ya que el cine fue el medio ideal para plasmarla cabalmente y así establecer las bases para su posterior desarrollo, que ha sido realmente diverso y fructífero, vistos sus resultados desde la perspectiva de hoy.

Georges Méliès inventó la mayoría de lo que hoy conocemos como géneros cinematográficos, así que le debemos la primera película de terror, Le manoir du Diable (1896), de tres minutos de duración. Dos años después Japón irrumpió con Shinin no sosei (1898), una pesadilla sobre un cuerpo resucitado, que desafortunadamente hoy se considera perdida. Y, salvo La Esmeralda (1905) de Alice Guy, primera adaptación de El Jorobado de Nuestra Señora de París, no tenemos más datos sobre monstruos en celuloide hasta 1910.

Un espantoso engendro

El denominado Frankenstein de Edison (1910) supone la carta de presentación en el medio cinematográfico del espantoso engendro recreado por Mary Shelley. Otro gran exponente de las letras, como Edgar Allan Poe, fue traducido a imágenes silentes por D.W. Griffith en La conciencia vengadora (1914), remix de El corazón delator y Annabel Lee.

En la década de 1920 Lon Chaney se convierte en sinónimo del terror cinematográfico, gracias a sus vanguardistas maquillajes y, por supuesto, a su comprobado talento. Los tres iconos tenebrosos de su filmografía son El Jorobado de Notre Dame (1923), El fantasma de la ópera (1925) y London After Midnight (1927).

Lon Chaney en la etapa fundacional del género como El jorobado de Notre Dame

En lo que respecta a Europa, sombras expresionistas se cernían sobre Alemania. El gabinete del Dr. Caligari (1920) le tomó el pulso a una sociedad que se estaba sumiendo en una alucinación colectiva. Mientras, el Nosferatu (1925) de Murnau se manifestó como un tratado de las posibilidades ocultistas del cinematógrafo.

El Gabinete del Dr. Caligari, expresionismo alemán en alza

Caligrafía del horror

La Gran Depresión fue un drama capitalista, que produjo dos títulos estelarizados por monstruos: Drácula y El Doctor Frankenstein, ambos de 1931. Se configuraron como la gran catarsis gótica que Estados Unidos necesitaba en tiempos difíciles. Además, crearon toda una caligrafía del horror, de la que el género sigue dependiendo hoy en día.

Universal, el estudio que los vio nacer, dominó el resto de la década sin demasiadas complicaciones. La Momia, El Caserón de las Sombras (ambas de 1932), El hombre Invisible (1933) y La novia de Frankenstein (1935) son algunas joyas de su ostentosa corona.

Otros estudios intentaron plantarle cara, pero sólo Los crímenes del museo de cera (1933/ Warner Bros.) y El hombre y el monstruo (1931/ Paramount Pictures), innovadora adaptación del mito de Jekyll y Hyde, se les acercaron.

Es los 40, Lewton, superproductor de la RKO, destacó con sus colaboraciones con Jacques Tourneur, especialmente en La mujer pantera (1940), demostrando que el bajo presupuesto puede ser sinónimo de alta distinción.

Por otro lado, la Universal comenzó la década añadiendo un nuevo nombre a su olimpo: El Hombre Lobo (1941), que sólo dos años después conocería al monstruo de Frankenstein en La Zíngara y los monstruos (1943). Fue el origen de las ensaladas de monstruos del estudio, un lento y progresivo descenso de calidad que culminó en la autoparódica Abbott y Costello contra los fantasmas (1948). Los cómicos le clavaron una estaca en el corazón al legado de sombras de la Universal, pero de paso acuñaron la posmodernidad en el cine.

Abbott y Costello contra los fantasmas, terror en clave de humor

Terror con ciencia-ficción

El terror abandona el caserón y se acerca a temas más sociales en la década de 1950. Entra en una muy fructífera comunión con su género hermano, la ciencia-ficción. A los espectadores de los cincuenta les asustaba el átomo y demás prodigios científicos. La Mujer y el Monstruo, La Humanidad en peligro (ambas de 1954) y Tarántula (1955) son buenos ejemplos. El Escalofrío (1959), de William Castle, mezclaba LSD con trucos en la sala, mientras que La maldición de Frankenstein (1957) desempolvó la vieja mesa de operaciones.

Frankenstein, siempre Frankenstein. El engendro se repite en varias versiones cuando se cuenta el desastre del Hombre metido a Dios

Frankestein

Fue el origen de Hammer Films, productora británica que cogió el testigo de la Universal y reanimó a otros dos viejos monstruos: Drácula (1958) y La momia (1959). En realidad, las reposiciones de los clásicos Universal en televisión, unidas bajo el sello Shock Theater y la mítica revista de Forrest J. Ackerman Famous Monsters of Filmland, ya habían reanimado el interés por los clásicos antes de que la Hammer les insuflara color y hemoglobina a raudales.

Los primeros años 60 se caracterizaron por un regreso al gótico más clásico con títulos como: La máscara del demonio (1960), Suspense (1961) La casa encantada (1963) y La máscara de la muerte roja (1964), revisión a lo Roger Corman de los clásicos de Poe. Alfred Hitchcock se alzó como único a la hora de dales un giro contemporáneo a esos viejos temas, como lo demuestran Psicosis (1960) y Los pájaros (1963).

Indómito Polanski

Pero todo cambió en 1968 con La Noche de los Muertos Vivientes, una caja de resonancia psicosocial que forjó al zombi moderno. Fue también una década de talentos indómitos: el Michael Reeves de Los Brujos (1967) y Witchfinder General (1968); el Roman Polanski de La danza de los vampiros’(1967) y El bebé de Rosemaryy (1968) o el H.G. Lewis de Blood Feast (1963), pistoletazo de salida del gore y posibilitadora de delirios como The Ghastly Ones (1968), obra del muy heterodoxo Andy Milligan.

El Bebé de Rosemary, terror con sello Polanski. Cuando da más miedo lo que no se ve que lo que se ve en escena

La contracultura setentosa nos entregó a Wes Craven, autor de La última casa a la izquierda (1972) y Las colinas tienen ojos (1977), pero la gran contribución de este golpe de timón al horror siempre será La matanza de Texas’(1974).

También es la década de celebrados blockbusters, como El Exorcista (1973) y La profecía (1976). Estoy vivo (1974) compartía la misma concepción de la infancia que la película de Richard Donner, pero Carrie (1976) demostraba que la adolescencia tampoco era mucho mejor.

El choque de talentos de Stephen King y Stanley Kubrick nos dejó en la década siguiente a El resplandor (1980). Otra adaptación memorable del rey del terror literario es La zona muerta (1983), que David Cronenberg dirigió justo después de introducir nuevos aires con Videodrome (1983).

El Exorcista es para muchos lo mejor del cine de terror de todos los tiempos

El Exorcista, inigualable clásico imperecedero

Jugosas secuelas

Los ochenta son los años del horror franquiciado. Todo empezó con La Noche de Halloween (1978), pero Viernes 13 (1980), Pesadilla en Elm Street (1984) y Hellraiser (1988) tomaron su testigo y llenaron las siguientes décadas de secuelas. Los niños que crecieron con tamaños estímulos empezaron a estrenar sus homenajes a la serie B cincuentera en esta década: La Cosa (1982), Noche de miedo (1985) y El terror no tiene forma (1988), así como Poltergeist’(1982) y Gremlins’(1984), acercaron el género a toda la familia.

Freddy Krueger en Pesadilla en la calle del infierno

Por fin el terror llamó a las puertas de los Oscar con El Silencio de los Inocentes (1991), cuya pátina de respetabilidad para el género propició otros proyectos de prestigio como Entrevista con el Vampiro (1994).

Cine de terror en una forma más humana y menos sobrenatural

El Silencio de los Inocentes: el demonio puede ser bien humano, de carne y hueso.

Por suerte, David Lynch no olvidó que el objetivo del género no es tanto ganar premios y arrasar en taquilla como provocarnos escalofríos. Twin Peaks (1992) y Lost Highway (1997), representan el lado más irracional de una década que prefirió apostar por los juegos cerebrales de Cube (1997) o Scream (1996), unión entre el viejo león Craven y la nueva sangre que representaba el guionista Kevin Williamson.

Su impacto en las salas tuvo un efecto colateral: el regreso del slasher, con Sé lo que hicieron el verano pasado (1997) y Leyenda urbana (1998) como máximos exponentes.

Japón evadió los homenajes y prefirió marcar el camino de la siguiente década con la seminal Ringu (1998).

Formidables cuentos macabros

El proyecto de la Bruja de Blair (1999) abrió una fiebre que alcanzó una masa crítica en 2007, año de Actividad paranormal, REC y The Poughkeepsie Tapes. Otra tendencia muy hija de su tiempo es el torture porn, un síntoma de la guerra contra el terror que produjo obras como Saw (saga iniciada en 2004), Hostel y Wolf Creek (ambas de 2005). Por lo demás, fue una época de remakes y reciclaje. Como mejores ejemplos hay que citar a Jason X (2001), Freddy contra Jason (2003), Hannibal (2001), Amanecer de los muertos (2004), Las colinas tienen ojos (2006) y el Halloween de Rob Zombie (2007), que venía de volarle la cabeza a unos cuantos con Los renegados del Diablo (2005). Y no nos olvidamos de Guillermo del Toro y El espinazo del diablo (2001), uno de los cuentos macabros más entrañables de la década.

Guerra de formatos

Otros formatos audiovisuales, como la televisión (The Walking Dead/ 2010) o Internet (Marblet Hornets/ 2009-2014) comienzan a llevarle verdadera ventaja al cine de terror como vehículo preferido para nuestras pesadillas. En cuanto a las multisalas nunca han vivido tanto eclecticismo: hay aproximaciones oscarizables a la desintegración mental, como Cisne Negro (2010), parodias góticas como Sombras tenebrosas’ (2012), espectáculos familiares como Guerra Mundial Z (2013), antologías de lo extremo como la saga V/H/S (cuya primera entrega es de 2012), slashers con discurso social como Tú eres el siguiente (2013) o cuentos macabros como The Babadook (2014).

En general, existe la sensación de que el terror mainstream está un poco desconectado de propuestas subterráneas (o directas a DVD) más interesantes, con un único gran nombre capaz de poner de acuerdo al incondicional y al recién llegado: James Wan, responsable de Insidious (2011) Insidious 2 y Expediente Warren (2013), a la que le salió un spin-off titulado Annabelle (2014).

De terror, pero sin pesadillas

Hemos seleccionado el siguiente listado con veinte películas que ostentan un toque muy tenebroso (ya sea porque se incluye en su trama o porque reverencian al género de terror), pero que nos dejarán dormir plácidamente, sin pesadillas de ningún tipo, al verlas esta semana de Halloween. O cuando se nos ocurra.

The Babysitter (2017): Original de Netflix, tiene todo lo que se necesita en una velada de Halloween: sangre, violencia, humor y entretenimiento. Además, lo que hace más perfecta aún a esta película de Joseph McGinty Nichol (AKA McG) es ser una suerte de homenaje al género de terror, con un toque absolutamente freak, o extravagante, en cada uno de sus diálogos.

The Lure (2015): Un musical con ecos de La sirenita, pero protagonizado por dos sirenas cantarinas que ingresan en un club nocturno para ganarse la vida como artistas, mientras una de ellas se enamora de uno de los músicos que amenaza con romperle el corazón. ¿Cómo perderse algo así? Esta película polaca de Agnieszka Smoczynska es apropiada para Halloween. Véanla vía Filmin.

La visita (2015): Al ver el tráiler de este filme de M. Night Shyamalan provoca echar a correr del susto. Pero no es para tanto lo que pretende vender el marketing. Esta película es más amable y divertida de lo que parece, con todo y que nos provoque uno que otro susto.

Lo que hacemos en las sombras (2014): ¿Alguna vez se han preguntado cómo podrían convivir cuatro vampiros bajo el mismo techo? ¿Cómo se repartirían las tareas? ¿Cómo serían sus reuniones de convivencia? Sea cual sea su respuesta, no pueden perderse esta producción, una de las más ingeniosas y delirantes de los últimos años.

La cabaña en el bosque (2012): Hablando de homenajes al género, esta película de Drew Goddard es una auténtica reverencia a la tradición del terror y el fantástico. Empieza como un slasher de adolescentes, con sus correspondientes estereotipos, y acaba como una extraña odisea fantástica.

Frankenweenie (2012): Para Halloween, podríamos rescatar casi cualquier película de Tim Burton (su estética siempre encaja en la noche más terrorífica del año), pero nos quedamos con esta joyita de animación. Basada en un cortometraje que el propio cineasta realizó en 1984, cuenta la historia de un niño que hace resucitar a su perro cual Frankenstein.
Tucker & Dale contra el mal (2010): El sentido del humor “tonto” es el gran fuerte de esta película canadiense. Dos amigos ayudan a una joven en apuros, pero otros amigos de ella piensan que ha sido secuestrada. Aquí empezará un sangriento (y divertidísimo) relato sobre las apariencias y la realidad.

Los Mundos de Coraline (2009): Esta maravillosa película de animación del estudio Laika, basada en una novela gráfica de Neil Gaiman, es un apasionante relato sobre el crecimiento psicológico y moral de la protagonista, con mensajes tan esperanzadores como sombríos.

Déjame entrar (2008): Esta película sueca ya es todo un clásico en el cine de terror moderno. Dirigida por Tomas Alfredson, retrata la amistad entre dos niños con problemas bastante diferentes y complejos. Aunque suponemos que ella se lleva la palma, por eso de ser un vampiro. Aunque toda la película está invadida por una oscuridad perturbadora, al final es muy tierna y nada sospechosa de reaparecer en sus sueños a las 3 de la mañana.

Zombies party (2004): Una de zombies nunca está mal para pasar la noche de Halloween. Aunque siempre se puede recurrir a los clásicos-clásicos (La noche de los muertos vivientes, por ejemplo), recomendamos acudir a los clásicos modernos como esta joya de Edgar Wright, una parodia de Amanecer de los muertos, que se ha convertido en un emblema del subgénero de los renacidos.

Sleepy Hollow (1999): Tim Burton nos trajo la historia del jinete sin cabeza en una película algo espeluznante, pero no terrorífica. Tiene momentos bastante perturbadores (las torturas, las resurrecciones y los asesinatos), pero la trama romántica y el final feliz hacen olvidar cualquiera de ellos.

El retorno de las brujas (1993): ¿Qué mejor momento para revisitarla? Protagonizada por el poderoso y fabulosos trío que integran Bette Midler, Sarah Jessica Parker y Kathy Najimy, es una de esas opciones ineludibles para Halloween, sobre todo si entran niños en la ecuación.

Pesadilla antes de Navidad (1993): Un clásico entre los clásicos. Basada en una historia de Tim Burton (su sello es evidente), es una de las elecciones más obvias y acertadas para la noche de los muertos.

La familia Addams (1991): El clan familiar más extravagante y tétrico de la historia nunca puede faltar en una noche de Halloween. Y más si hablamos de esta divertida película, que recupera los personajes clásicos y les da una nueva cara y personalidad.

Beettlejuice (1988): Cuidado con decir este nombre tres veces, o acabará en el inframundo de un tipo de lo más peculiar. Michael Keaton dio vida a este excéntrico personaje en este clásico de Tim Burton, con una Winona Ryder gótica.

La pequeña tienda de los horrores (1986): Con el genial Rick Moranis, este musical ochentero convertido en clásico de culto puede ser su gran éxito en la noche de Halloween. Ya sea para descubrirlo por primera vez o para rememorarlo, no deje de considerar esta historia de plantas devora-personas para sus planes nocturnos.

Los Cazafantasmas (1984): Esta cinta ochentera es todo un hit: tiene fantasmas, acción, humor, compañerismo y frases míticas que repetir durante el visionado. Con Bill Murray, Dan Aykroyd, Harold Ramis y Ernie Hudson como los cazafantasmas, nada puede salir mal.

The Rocky Horror Picture Show (1975): Si este Halloween lo que le apetece es bailar y marcarse un sing along con sus amigos, ¿qué mejor que este filme de antología? Sus proyecciones en directo siempre son una fiesta, así que nunca es tarde para montar su propia sesión en el salón de casa. Sólo necesita ropa provocativa, mucho maquillaje y alguien carismático que haga de Tim Curry.

Frankenstein Jr. (1974): Esta revisión del clásico de Mary Shelley a la manera de Mel Brooks, es una de las comedias más célebres y delirantes de todos los tiempos, con números musicales incluidos. Y está protagonizada por un monstruo clásico, así que pega totalmente para la noche de los muertos.

Arsénico por compasión (1944): Un clásico nunca viene mal, y más si está protagonizado por Cary Grant. Esta divertida película de Frank Capra se ambienta en la época de Halloween, y retrata la esperpéntica reunión familiar de dos abuelas homicidas, una pareja recién casada, dos delincuentes a la fuga y un loco que se cree Roosevelt. Sin duda, una combinación irresistible.

 

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