"Rómulo Resiste", la mirada de Carlos Oteyza al caudillo que marcó el rumbo

El director Carlos Oteyza estrena en octubre un documental que aborda el segundo período presidencial (1959-1964) del legendario líder, que a través del Pacto de Puntofijo y enfrentando conspiraciones de la extrema izquierda y la extrema derecha y hasta un intento de magnicidio, logró imponerse hasta consolidar el régimen de libertades en Venezuela

"Rómulo Resiste", la mirada de Carlos Oteyza al caudillo que marcó el rumbo

Como “La historia nunca antes contada de un gobierno democrático que cambiaría el rumbo de Venezuela”, califica Carlos Oteyza su más reciente largometraje documental, que lleva el muy sugestivo título de “Rómulo Resiste”. Retrata el segundo gobierno de Rómulo Betancourt (1959-1964), el primero electo por votación popular después de la caída del dictador Marcos Pérez Jiménez.

El cineasta destaca que “se trata de una épica, la de la génesis del sistema democrático, sustentado en el acuerdo unitario del pacto de Puntofijo”, que enfrentó desafíos contra su estabilidad, como intentos de golpes de Estado, guerrilla urbana y rural y hasta un atentado para acabar con la vida del mandatario.

Fue un quinquenio determinante en la historia contemporánea de Venezuela. Por primera vez en el país, un presidente electo por el voto universal le entrega el poder a otro también elegido democráticamente. Pero el camino estuvo lleno de dificultades, al tener que enfrentar a sus dos mayores enemigos: el autoritarismo militar y la propuesta marxista, que buscaban imponer un modelo diferente a la democracia representativa.

Miradas políticas y vivencias personales

El director de documentales fundamentales de nuestra contemporaneidad política, como “Tiempos de dictadura”, “CAP: dos intentos” y “El pueblo soy yo: Venezuela en populismo”, se propone ahora, con “Rómulo Resiste”, reafirmar la fuerte convicción democrática de Betancourt y los riesgos personales que enfrentó, así como el novedoso camino que tomó el país al salir de la dictadura cuando, luego de unas elecciones libres, formó un gobierno de coalición.

De igual manera, registra la permanente presencia de Betancourt por la geografía nacional en olor de multitudes. Esta narración de los hechos históricos se entrelaza con las vivencias del director Carlos Oteyza, durante su infancia en una Caracas amable, pujante y en transformación, atributos que marcaron a la ciudad capital en esa misma época.

Por medio de la narración del actor y psicólogo Sócrates Serrano, se comparten las vivencias del realizador a lo largo de la película. La música original, que ayuda a remarcar tensión y drama, estuvo a cargo de Álvaro Cordero, quien ya había compuesto la de “Tiempos de dictadura”. En cuanto a las animaciones y la imagen gráfica, fueron diseñadas por la empresa especializada Titan Post.

En el documental, testimonios de protagonistas políticos de esos años se entrecruzan con los de historiadores, investigadores e intelectuales, así como con imágenes de archivos nacionales e internacionales, que junto a las secuencias animadas en 3D revelan la historia de una época convulsionada.

1959-1964: Un período poco estudiado

En la entrevista que sostuvimos para El Estímulo con motivo del inminente estreno de su largometraje documental -previsto para el 11 de octubre en streaming y el 14 del mismo mes en salas de cine del país-, Carlos Oteyza dio a conocer que el tiempo de producción de “Rómulo Resiste” fue de tres años, el primero dedicado exclusivamente a la investigación y los otros dos para construir la historia, uno de ellos en plena pandemia del coronavirus.

Rómulo Betancourt

Carlos Oteyza, en primer plano, durante la grabación del testimonio de Héctor Pérez Marcano (Foto: Cortesía de Cinesa)

-Apelé a la metodología que uso normalmente para los documentales. Me tardé un año en la investigación. Y cuando digo investigación, se trata de lectura y conversaciones con quienes vivieron la época, o que la han analizado como escritores e historiadores. Ese primer año me permitió tener una intuición del tema a tratar, que está dada por muchos años y conocimiento del campo histórico venezolano. Ese período de Rómulo Betancourt siempre me llamó la atención, más que la propia figura de Rómulo, un personaje que ha sido abordado biográficamente, pero dejando casi de lado el gobierno de 1959 a 1964.

-El primer año de investigación hubo también un poco de búsqueda de imágenes, pero sobre todo de lectura para crear un primer guion, para enunciar las premisas principales de la película. Lo divido por secuencias y metodología de trabajo. Y luego fueron dos años más de producción. Quizás hubiesen sido un año de investigación y otro de producción, pero vino la pandemia y eso retrasó mucho el trabajo: las entrevistas que tenía que realizar, la dirección, la música, todo lo que se llama la postproducción, buscar fotografías en los archivos, titulares de prensa. Todas las bibliotecas y hemerotecas estaban cerradas; en fin, ha sido un trabajo a contracorriente, por decirlo así. Pero me tocó de esa manera.

-¿Por qué este segundo período de Betancourt no ha sido suficientemente abordado?

-Porque se le ha dado probablemente más importancia a Betancourt con todo lo que pasó entre 1945 y 1948; y antes, en 1928. Se ha hecho una épica más de él en el primer período que en el segundo, que a mi parecer fue el gran momento de Betancourt. En el primero estableció hacia dónde apuntaba la Venezuela democrática, pero la importancia de su segundo mandato fue que entendió que no podía hacer un gobierno como el que había hecho entre el 45 y el 48, porque comprendió que los enemigos de la democracia existían y que no había que tener un gobierno sectario o hegemónico, como se trató de hacer parcialmente en el 45-48. Llegó a la conclusión de que había que hacer un trabajo más de amplitud, que fue el Pacto de Puntofijo, que permitiría que los venezolanos pudiéramos vivir en democracia sin caernos a golpes, como sucedió en el 47 o 48, cuando tumbaron a Gallegos.

Creo que Betancourt demostró que podía cambiar y marcó la pauta en ese período del 59 al 64, que ha sido desde mi perspectiva mal estudiado hasta por los propios betancuristas, que hablan más de sus inicios que de ese segundo gobierno, que fue la demostración del político que era. Me pareció importante valorar el período en que demostró cómo políticamente se podía construir un país, vivir cinco años en democracia y en libertad, pese a las tremendas oposiciones que tuvo, que fueron la extrema derecha y la extrema izquierda, que trataron durante todo ese tiempo de sacarlo del gobierno. En este documental demuestro que en él hubo un estadista y un político.

-¿Hubo hallazgos visuales llamativos en tu investigación para ilustrar cinematográficamente ese período?

-Hay imágenes muy llamativas en la película sobre esos años 60. Encontramos numerosas caricaturas que le hicieron a Betancourt, que son muy fuertes, publicadas por los más diversos periódicos: por El Gallo Pelón, Dominguito, uno que se llamaba Izquierda, Tribuna Popular. Sacaban de todo. Eso demuestra que la gente se podía meter con el poder y que había libertad más allá de la irracionalidad de los extremos que trataron de que un gobierno que había sido electo por el voto popular democráticamente, tanto la extrema izquierda como la extrema derecha quisieron sacar violentamente. Era una constante que a la gente se le olvidó y que no se le ha dado la importancia que tuvo. Esas imágenes son una enseñanza en esta película.

También hay una selección de entrevistados, que forman parte de la variedad que quiere tener la película. Hay historiadores, otros que son simplemente actores de la época, por ejemplo Héctor Pérez Marcano, el mismo Américo Martín, líderes entonces de la extrema izquierda; investigadores jóvenes y de mediana edad que no conocieron esa época, pero que son especialistas en el tema, que han estudiado aquellos años y que lo han trabajado en diversas áreas. Hay escritores como Elisa Lerner, que nos da otro punto de vista. Aparece un técnico de Bolívar Films que recuerda las giras de Betancourt por el país. Es una sumatoria de recursos para tener una visión completa. Y también, por supuesto, gente que queda viva de esa época de Betancourt, como Carlos Canache Mata, pese a que no es fácil conseguir todavía testigos de aquellos años.

-¿Cuáles historiadores jóvenes aparecen?

-Gente como José Alberto Olivar y el mismo Edgardo Mondolfi; Paola Bautista, que es muy joven, y tenemos también a Lorena Puerta Bautista. Es interesante que son muchachas que han trabajado la época de Betancourt, que tienen libros publicados. Entrevistar a más mujeres resultó difícil, porque los que gobernaban el país eran hombres, había pocas políticas en ese momento.

Recuerdos familiares y realidad política

-¿Lo más innovador de la película?

-Lo más innovador que quizás tiene la película, al menos en mi trabajo, es que hay una visión paralela entre lo que yo viví en ese período de Betancourt, tanto en mi casa en Chacao, en el colegio San Ignacio, en el estadio de beisbol, la playa, el club al que iba, y lo voy mezclando con lo que estaba pasando, porque son los recuerdos de mi familia y de cómo vivíamos, recuerdos personales en los que hay mucha gente que se puede sentir implicada; aunque otras no, porque evidentemente donde vivía yo, a los colegios que fui y mi vida no eran la única manera de vivir. Pero me pareció interesante que la gente pudiera ver lo público y también lo privado, en este caso a través de mi historia, a las cosas que a mí me recordaban esta época tan fabulosa. Evidentemente que yo lo viví desde una perspectiva muy diferente a como la miró Rómulo y quienes hicieron la política. Pero la sumatoria de las dos cosas, lo público y lo privado, ayudará al espectador a comprender mejor la historia y que la película sea mucho más cercana.

-¿Narras en primera persona esa visión de tu vida en aquellos años?

-Apelé al actor Socrates Serrano. Decidí que no fuera mi voz, porque un actor como él tiene una buena alocución y supo trabajarla bien. De hecho, le dio vida a un personaje, le leí el texto y lo respetó, aunque alguna vez se lo cambiaba, no el sentido, pero sí uno que otro adjetivo. Hizo bien un personaje, como buen actor que es, y además psicólogo. Ayudó mucho el conocimiento que tiene de psicología. Y como es muy buen actor también, tuvimos una muy buena combinación.

Rómulo Betancourt

-¿Cómo miras el desarrollo del país en esas visiones pública y privada?

-El desarrollo del país se ve en las obras públicas que hizo Betancourt. Por ejemplo, la inauguración del puente sobre el Lago está allí como una fecha importante; el inicio del Guri, la inauguración del balneario de Naiguatá. Pero por otro lado, la parte privada se ve en la inauguración de un autocine, donde yo iba con mis hermanos mayores. Y ahí hablo de eso. De la pista de kartings que estaba en Chuao, donde hoy es el Cubo Negro. Hablo de todo eso y de otras cosas, como los clubes de playa, mi vida en el colegio, en donde comento que yo no iba al centro de Caracas, sino que mi centro era Chacao.

-¿Cómo utilizaste la música como recurso narrativo?

-Hay uno que otro tema: un chachachá por alguna razón, para evocar a mi mamá, pero la música es original, es una música incidental que ayuda a generar tensión y drama en la película. Álvaro Cordero es el autor. Utilicé pocas canciones de la época. He podido hacerlo, pero no lo hice.

Comparar el presente desde el pasado

-¿Cómo te imaginas que pudiera comprender el país actual el análisis de ese período?

-Con mucha sorpresa (ríe). Van a descubrir un mundo y entenderán también muchas cosas que están pasando hoy en día. Es muy difícil hacer un documental histórico en presente y no tener una lectura del pasado. Uno siempre está comparando. Lo más evidente es la toma de Sabana Grande de la época y lo que es hoy en día. Lo mismo con El Silencio, salen muchas imágenes de la época que vas a comparar inmediatamente con el presente, para lo que tú quieras, para bien o para mal. La relación pasado-presente el espectador la está haciendo en su mente todo el tiempo. Desde la perspectiva humanística o política, van a estar comparando siempre presente y pasado.

La película es un poco el recuento de cómo ese período llegó al final. Fueron cinco años de dificultades, pero llegó. Y gracias a lo que se llamó el Pacto de Puntofijo, eso que hoy en día algunos tratan como si fuese algo negativo y yo considero, y así lo consideraron en aquella época, que fue el acuerdo unitario que le permitió a Venezuela vivir en democracia y que no volvieran los militares al poder. Y que tampoco llegara la izquierda. Era un pacto político comprometido con la democracia. Visto en el tiempo, el de Puntofijo fue un acuerdo para que la democracia pudiera estabilizarse. Eso es lo que la película de cierta manera refleja.

Rómulo Betancourt

Firmando la Constitución de 1961, flanqueado por Raúl Leoni y Rafael Caldera

Pero en todo caso la película tampoco es propaganda, no es un largometraje de tesis. Hay elementos políticos muy importantes, pero también el espectador disfrutará de una época en la que verá que lo privado y lo público existen, como existen ahora. Por eso creo que la gente va a estar viendo al presente a partir del pasado. Los más jóvenes estarán muy impresionados porque verán imágenes que nunca habían visto. Yo mismo también las he encontrado, porque buscamos en todos lados.

-Aparte de Bolívar Films, ¿qué otras fuentes cinematográficas utilizaste?

-Tiuna Films, por ejemplo, que está en la Biblioteca Nacional, fue muy importante para nosotros, especialmente los noticieros; de hecho, los verás en la película. Luego conseguimos películas familiares, en Súper 8 y 16 milímetros. Y archivos internacionales que se filmaron y grabaron en Venezuela en los años 60, que conseguimos en Bélgica e Inglaterra, así como el archivo de la Biblioteca de Washington. Hicimos una pesquisa larga, no solamente de lo que está en Bolívar Films. Ahí hay una parte, pero la mayor parte vino de fuentes diversas.

¿La venganza de Fidel?

-Hay quienes sostienen que el apoyo de Fidel Castro al chavismo fue un pase de factura por el freno que le puso Betancourt, derrotándolo políticamente en la lucha guerrillera de aquellos años.

-Puede ser, pero sería reducir la historia a detalles personales. Hay que tener cuidado con eso, porque lo que se está viviendo hoy en día no es ni parecido al ideal de los años 60, el de la juventud que se lanzó a la guerrilla, que creía en una sociedad revolucionaria, que era lo que estaba en boga en ese momento. Después de la caída del Muro de Berlín, no creo que sea la misma emoción de aquellos jóvenes de los 60, que la de los jóvenes de hoy para hablar de la revolución y de lo que ha pasado en Cuba.

Rómulo Betancourt

Fidel Castro lo visitó, pero Betancourt lo enfrentó y derrotó cuando quiso derrocarlo por medio de la guerrilla del PCV y el MIR

Son momentos muy diferentes, pero evidentemente hay algo de eso. Aquellos jóvenes eran más idealistas, creían en eso, hay que reconocer que se jugaron la vida. Y lamentablemente, desde la perspectiva de hoy, y muchos de ellos lo consideran así, pues equivocadamente, porque al ser un régimen de libertades, no había porqué irse a las armas. Había que pelear dentro de la justicia que da la Constitución en los países democráticos. En los años 60 y 61, tanto el MIR como el Partido Comunista quisieron buscar el atajo, lo que fue lamentable para el país.

-Después de haber indagado en múltiples fuentes, ¿qué percepción tienes de Rómulo Betancourt como figura pública y estadista?

-Que era un animal político, un hombre que dormía con un ojo abierto y otro cerrado, que entendió la necesidad de ser menos hegemónico que en su primer gobierno y que supo adaptarse a la realidad del momento. Por eso fue atacado duramente por los militares que no lo querían. Y por el ala izquierda, que quería hacer un gobierno revolucionario y tuvo que defenderse de los dos. Tenía la fuerza y la convicción de que lo que estaba haciendo era lo correcto. Y no lo mataron de casualidad cuando le hicieron el atentado en Los Próceres. Se la jugó y demostró ser un político muy aguerrido.

Otra cosa que me gustó mucho fue cómo recorrió el país. Tú lo ves caminando y cómo las multitudes lo seguían. Yo no me había dado cuenta, sino hasta cuando hice la película, cómo le gustaban las multitudes. A Pérez Jiménez no le gustaba eso, siempre establecía una distancia. Betancourt fue alguien que recorrió el país y se acercó a las multitudes, le gustaba el contacto con la gente.

Rómulo Betancourt y John F. Kenney. Archivo

Rómulo Betancourt y John F. Kenney. Archivo

-Inclusive, cuando vino el Presidente John Kennedy con su esposa Jacqueline, hizo con ellos un acto muy concurrido en el interior del país.

-Así es, eso está registrado en la película, eso está allí¸ muy bonito, por cierto. Pero lo vas a ver también caminando por todos lados: en Caracas, en el Táchira, en Anzoátegui, entre multitudes. Yo no sabía que había tanta atracción de la gente por Betancourt. Ahí aprendí que era un líder muy popular, que arrastraba masas. Lo que pasa es que la imagen que generaron de Betancourt los intelectuales y la prensa, o un sector de ellos, era otra. No lo querían en Caracas, eso lo vas a ver en la película también.

-¿Era un caudillo?

-Creo que sí. Queriéndolo o no, lo era. Mucha gente, cuando habla de caudillo, es de alguien fuera de las instituciones. La cosa es que Rómulo se manejaba con la Constitución y con las instituciones. Lo que quería era institucionalizar el país, los partidos, los sindicatos, el empresariado. Quería normas, no era un caudillo como generalmente se entiende, que lo que busca es una relación directa pueblo y líder.

Era un líder, pero que quería instituciones en el medio, no saltárselas. Eso está claro en la película y en el estudio que uno ha hecho. Uno ve claramente que la misma Constitución de 1961 no es de él solamente, sino de todos los partidos. Era una época en que Venezuela buscaba la reinstitucionalización de la democracia. Eso está clarísimo. Sus cinco años fueron eso, más allá de que no todo se logró, pues creo que nunca hubo tanta libertad económica como decía la Constitución, pero eso es una cosa ya más especializada. Pero en general, sí fue caudillo, democráticamente caudillo.

-¿En tu opinión, qué hizo la diferencia entre Betancourt y el resto de los presidentes democráticos de los 35 años que le siguieron?

-Betancourt era un hombre leído, un intelectual, pero al mismo tiempo alguien cercano a la venezolanidad, no de la norma, sino desde el sentimiento. Contaban que iba en el carro, se paraba y tomaba una chicha en un lugar. Ese mismo hombre había escrito un libro como “Venezuela, política y petróleo”. Era cercano a la manera de ser venezolana en esos gestos. Carlos Andrés Pérez y Chávez eran así, pero no tenían el conocimiento teórico ni la base cultural en la política que tenía Betancourt. Caldera era también un personaje muy leído, pero creo que Betancourt es original por combinar el intelectual y el político de calle. Por ahí va la cosa. Al menos así lo veo yo.

-¿Fue el gran forjador de la cultura democrática?

-Por supuesto. Y le costó bastante, porque muchos enemigos se echó encima por eso. Fue muy incomprendido también, porque cuando llegó a la presidencia en 1959 la gente lo recordaba como el adeco del 45 al 48 y no era muy querido en ciertos sectores empresariales y en sectores de la Iglesia. Los militares no lo querían porque en los años del perezjimenismo lo que se manejó era que el gran enemigo de las Fuerzas Armadas era Betancourt. Era un personaje muy complejo. La película no abarca todo eso, pues con ella lo que se pretende es pasar un buen rato. Tiene la parte visual, la música, imágenes de un país que yo ayudo a recorrer.

-¿Qué tema te gustaría desarrollar en tu próximo documental?

-Es muy difícil para uno terminar un largometraje y no tener otro, pues se genera un vacío muy grande. Ya hay algo, aunque no lo digo, porque es el proyecto que estoy trabajando y vamos a ver si se da o no.

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