¿Qué esperar de 2022?

Esta es una mirada personal de lo que estaría por venir en este 2022 en Venezuela. ¿Cambios políticos? No hay señales. ¿Avance económico? Lo más probable es que se trate de una pequeña apertura. Lo que sí es seguro es que habrá que gestionar acciones sociales para una mayoría que escapa o sufre por la necesidad y el hambre

¿Qué esperar de 2022?

Recién inicia 2022. Como he hecho en otras ocasiones, en este espacio que me brinda El Estímulo, hago un ejercicio de lo que son mis pronósticos, mi mirada personal sobre el nuevo año, siendo –como soy- un venezolano viviendo en Venezuela.

Comienzo este ejercicio prospectivo, sin asumir que tenemos una bola de cristal para pensar el futuro común, desde lo que puede resultar lo más decepcionante.

El estatus quo político no va a cambiar

No hay ninguna señal, ninguna, de que el régimen de Nicolás Maduro esté debilitado, boqueando como se dice popularmente. El gobernante venezolano, ilegitimo, pero teniendo el poder fáctico, se encamina a permanecer otro año en el poder.

Las elecciones regionales, en las que Maduro logró colocar figuras de su confianza para gobernaciones y alcaldías, y que tuvieron observación internacional y no fueron descalificadas del todo, terminaron por representar un triunfo político del madurismo.

La campaña electoral, por otro lado, dejó en evidencia que Maduro simbólica y paulatinamente se ha deslastrado de la figura de Hugo Chávez, y al mismo tiempo ha logrado reducir el poder de Diosdado Cabello.

A lo externo, en 2021 el chavismo logró profundizar la fragmentación opositora. No se ven señales de que en 2022 haya incentivos para que el propio estatus quo opositor sufra un remezón significativo. Creo que, por largos meses, el país permanecerá observando a un Juan Guaidó y acólitos con respaldo de Estados Unidos, eso se traducirá en el manejo de activos y poder financiero, pero a lo interno la figura del joven exdiputado seguirá debilitándose, a menos que se aplique un cambio radical de estrategia.

Otras figuras opositoras, como Henrique Capriles o María Corina Machado, no se ven con capacidad para conectarse con una mayoría del país, más allá de los seguidores que ya tienen, pero que no terminan de ser mayoritarios.

Obviamente la esencia de la política es lo impredecible, y podrían ocurrir en 2022 situaciones totalmente inesperadas, pero comenzando el año no se ve con claridad un escenario de cambio. Al contrario, podría ser un año en el cual el poder establecido goce de un período de tranquilidad.

El protagonismo social será clave

El desmontaje paulatino de las políticas sociales del Estado, por parte de un chavismo que está enfocado no en hacer un buen gobierno, sino en permanecer en el poder, se traducirá en mayores niveles de desprotección social para la mayoría de la población venezolana.

No se avizora en Venezuela una reducción de la pobreza o la desigualdad. Para que ello ocurriera, necesariamente, requeriríamos de un gobierno usando los recursos del Estado para alcanzar tales fines. No es el caso del chavismo. La agenda depredadora que observamos, entre quienes ocupan el poder, no tiene incentivos para hacer algo distinto en 2022. El madurismo buscará, en primer término, seguir lucrándose y enriqueciéndose con la crisis.

El éxodo de venezolanos proseguirá en los próximos meses. No hay razones para pensar que pueda ser diferente. En 2022, Venezuela superará a Siria como la peor crisis migratoria global, tal como señalamos en un artículo anterior en El Estímulo.

Ante tal escenario, desde mi punto de vista, en este año será clave el protagonismo civil, social, para aliviar el padecimiento de millones de venezolanos. Activistas y organizaciones de la sociedad civil protagonizarán iniciativas buenas para canalizar una ayuda humanitaria creciente, por parte de la comunidad internacional, así como acciones propias pensadas para aliviar el sufrimiento que padece una mayoría amplia.

La economía mejorará, pero la recuperación será larga

Varios economistas, que son dignos de mi respeto, han coincidido en señalar que el proceso de caída libre que ha traído la economía de Venezuela en los últimos años se detendrá en 2022. Ni de lejos eso puede interpretarse como que el país se arregló. Eso, en este momento, es una quimera.

Tras varios años de caída libre, en materia económica, que tengamos en 2022 un mínimo crecimiento es sin duda una buena señal. El tamaño de la economía venezolana, la que teníamos en 2012, no se recuperará posiblemente en varios años, al menos que se tomaran las medidas correctas. Pero ya saber que se detuvo la caída, a mi modo de ver, es una buena noticia, especialmente para quienes vivimos en el país.

En el camino de la recuperación económica, que igualmente luce como un sendero incierto, influirá decididamente la política, a fin de cuentas, las decisiones que tome el régimen de Maduro.

En este año el chavismo se transformará por completo en capitalismo. Esta, que no es otra cosa que una predicción, me la lanzó en los primeros días de 2022 un chófer a quien conozco por largos años, dado que con frecuencia me presta servicios para traslados especialmente cuando viajo dentro de Venezuela por vía terrestre.

Está por verse si habrá en este año una apertura completa en materia económica, en la línea de lo que viene sucediendo especialmente en los meses de 2021.

Lo cierto del caso es que muchos productores, industriales, comerciantes venezolanos están cada vez más decididos a seguir adelante con sus actividades, pese a las adversidades y sin esperar que el gobierno haga o decida. Y eso, estoy seguro, rendirá frutos en 2022.

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