La Vinotinto en Cachamay: Orden sin progreso

Se exige a la Selección porque los responsables de ella consideran que pueden responder a esa exigencia. Si de entrada Noel Sanvicente planteó que el objetivo no es otro que ir al Mundial, se entiende que las formas son menos importantes que el resultado.

La Vinotinto en Cachamay: Orden sin progreso

Partiendo de esa premisa, contra Paraguay había que ganar, como fuera, feo o lindo, por aquello de la importancia de hacerlo de local… Y no se hizo. Se sabía que el largo camino sería escabroso, pero se comenzó a transitarlo malherido. Ganar era obligado, por eso los pocos aspectos positivos en el juego, son opacados por el condenado marcador final.

Más allá del error en el gol paraguayo y de una cancha que no jugó a favor, preocupa que se mantenga una duda que ya comienza a ser una certeza: la marca que identifica el juego de Venezuela es lo que se vio en la cancha contra Paraguay, no más.

Así fue en la Copa América, en los amistosos y hoy. Parece ser que eso es lo que pueden plasmar los jugadores cuando interpretan la idea del Seleccionador, que, de boca para afuera y por su expresión de insatisfacción al borde de la cancha, no es lo que él quiere de ellos. Así, es difícil que el objetivo sea alcanzado.

¿Hay jugadores para ganar la posesión de la pelota, ser ordenados, incisivos en ataque y asfixiantes en presión? Es probable que sí, pero en un año de trabajo no se ha logrado y el progreso es muy tímido. El equipo tiene desgaste, es luchador, pero finaliza poco o no lo hace. El buen juego se traduce en goles y Venezuela no los marca. No creo que Sanvicente esté satisfecho.

Tampoco encuentro fallo en la elección de los titulares ante Paraguay, pero existe un tema de individualidades que preocupa. Los puntos excelsos de Tomás Rincón (si estaba en subasta la herencia del liderazgo de Juan Arango el tachirense fue el que pagó más por él) y Jeffren Suárez (cualquier rechazo que tuve sobre su compromiso con la camiseta quedó hoy sin argumento), no fueron acompañados por un desempeño colectivo parejo.

Hoy se hizo la labor a medias: el trabajo defensivo fue bueno pero un fallo, un solo fallo, costó tres puntos. Es el precio de no tener peso arriba, de no tener punch. El esfuerzo innegable de los catorce que estuvieron en cancha se disolvió en un ataque inoperante y muy inofensivo: ver a los delanteros corriendo, en ocasiones desorientados, lejos del área rival resulta no menos que inexplicable. Se aprecia como el resultado de un manejo poco trascendente de los encargados de generar el fútbol ofensivo. No es cuestión de los nombres de los atacantes, es un tema de funcionamiento.

Me niego a pensar que no hay opciones. El optimismo puede seguir vivo porque quedan 17 partidos (¡51 puntos!) por delante, porque hay ganas, porque hay trabajo, porque los jugadores están comprometidos. Sin embargo, por lo visto en el juego, eso no parece ser suficiente.

Ahora espera Fortaleza. Ojalá que en el nordeste de Brasil, el orden tenga progreso… y puntos.