El uno a uno de Venezuela en Montevideo

¿Cómo se puede explicar desde la lógica que con la mejor generación histórica de futbolistas, Venezuela apenas tenga dos puntos en la primera vuelta de la eliminatoria mundialista? ¿Cómo asimilar que un grupo de muy buenos jugadores, que cumplen notables campañas en el fútbol europeo no puedan tan siquiera haber ganado un partido? Son preguntas que no encuentran respuestas desde el dos más dos es cuatro.

El uno a uno de Venezuela en Montevideo

Ante Uruguay, el guion fue distinto al habitual. Infinitamente superior al rival en una primera mitad de antología. Arrinconando al maestro Tabárez y los suyos ante casi 60 mil espectadores. Ningún tipo de pudor para demostrar dominio ante una selección que había ganado todo en su terruño, pero sin dar el golpe de gracia llamado gol. Cuatro. Cuatro ocasiones claras para marcar y ninguna concretada. Si se quiere competir, los desperdicios no tienen lugar. Llegaron Luis Suárez y Nico Lodeiro y sí hicieron lo que Venezuela tan claramente se cansó de malgastar.

El equipo mantuvo una dinámica en ataque que no se correspondió con el desempeño defensivo, un desequilibrio que quedó marcado en un escandaloso 3-0 en contra. Un desequilibrio que permitió que el partido se acabara en 65 minutos, de los cuales Venezuela fue mejor que el rival en 30 de ellos. La intensidad que pudo demostrar en la elaboración de juego ofensivo, se deshizo, una vez más, en la retaguardia. ¿Qué falta? ¿Carácter? ¿Temple? ¿Pegada? ¿Actitud? ¿O es que el fútbol venezolano no podrá nunca superar sus fantasmas y está condenado a vivir con ellos?

Suena el clamor popular de la oportunidad que merece un grupo de jóvenes que viene pidiendo paso y otro que se prepara para representar a Venezuela en el Suramericano Sub 20. Pensar en Catar 2022 tan temprano debe ser el giro de timón cuando los de ahora han tenido nueve partidos y no han podido tan siquiera ganar uno ¿Pero por qué hablar de renovación cuando la actual base de la Selección sigue siendo tan joven y talentosa? ¿Hay que desechar tanta brillantez individual de una generación que domingo a domingo destaca en las ligas extranjeras? ¿Cómo se explica eso?

Los cambios lucen irremediablemente necesarios. Si los que deberían haberle dado un vuelco a la historia no lo hicieron, la oportunidad a otros es opción.

En el desempeño individual, el desequilibrio es notable.

Dani Hernández: No fue exigido y se llevó tres en la bolsa. Poco que hacer ante lo letal que fueron los embates del rival. Exento de responsabilidades cuando lo dejaron mano a mano con los contrarios en otra noche defensiva para el olvido.

Alexander González: Dudamel repitió con él por su buen trabajo ante Argentina, pero el ataque por las bandas de Uruguay, advertido desde antes del juego, le superó. Flojo en la marca a Suárez en la jugada del gol de Lodeiro, una amarilla lo excluye del partido contra Brasil, donde seguramente Roberto Rosales ocupará su lugar y tendrá una oportunidad de reivindicarse en un puesto que debería ser suyo con mucha diferencia.

Oswaldo Vizcarrondo: Volvió a dar razones para quienes creen que debe ser relevado de la titularidad. Caminaba firme durante el partido hasta que le tocó enfrentar cuerpo a cuerpo a Suárez. Su expulsión acabó con cualquier atisbo de hombrada para remontar en el marcador. Su innegable experiencia y jerarquía ya no pesa en el colectivo de la Selección y hasta dejó de ser un arma ofensiva a balón parado. Ya es hora de que otro al menos intente demostrar lo que el hombre del Nantes no da.

Wilker Ángel: Pegado como una calcomanía sobre Suárez durante la primera mitad permitió anular al temible atacante del Barcelona, pero el madrugonazo del segundo gol lo volvió a dejar en evidencia en la medida del salto, como contra Colombia en Barranquilla. No se puede acusar a un solo jugador cuando el despliegue defensivo del funcionamiento es tan pobre.

Mikel Villanueva: Nervioso. Dio algunas muestras de timidez cuando la afrenta era gigante y claudicó ante la presión del rival. La mala entrega de una pelota derivó en el primer tanto uruguayo. En su favor se puede acotar que no contó con el apoyo en el relevo como sí contra Argentina.

Tomás Rincón: Recuperó el talante de ser el que empuja desde el medio la carga ofensiva del equipo, pero se fue ahogando entre los tres volantes uruguayos. Se diferenció en la labor que cumple con respecto a su compañero de posición, sin embargo hace ya tiempo que no cumple un partido notable con la Selección y ésta lo echa de menos. Conserva el carácter, sí,  pero no trasciende en su labor.

Arquímedes Figuera: Caminó por la cornisa de la expulsión todo el partido y es algo que ya no debe extrañar. Se estrelló en un conflicto particular con Arévalo Ríos y aunque su labor no fue responsable directa de las facilidades del rival para marcar, se muestra como un jugador que poco aporta en un rol donde debe ser trascendental cada pelota que recupere. Lejos del nivel mostrado en la Copa América Centenario, da razones para que se siga buscando otro jugador que cumpla con el perfil necesario para ser escudero de Rincón.

Adalberto Peñaranda: Su juventud le permite tener licencia para haber fallado un gol cantado, pero en la alta competencia no se mira la fecha de nacimiento de nadie. Fue el más desequilibrante entre los tres volantes ofensivos y respondió con creces a la insistencia de Dudamel en confiar con su titularidad. Aprovechó los espacios del rival, ocupó bien la banda izquierda del ataque y guió el contraataque con perfección.

Alejandro Guerra: Romper la efectividad de la dupla Josef Martínez  – Salomón Rondón para darle más manejo al equipo y poblar con más hombres el mediocampo fue una intención que no le resultó al seleccionador con la utilización de Guerra como enganche. El campeón de Libertadores no se notó cómodo en ese lugar y tampoco recibió el apoyo de sus compañeros para desplegar su juego. Se esperaba que su aporte fuera clave.

Juan Pablo Añor: Se combinó al principio con Salomón Rondón y generó los espacios necesarios. Intentó conectarse con Guerra en la construcción, pero se fue diluyendo con el pasar de los minutos. Fue el sacrificado tras la expulsión de Vizcarrondo.

Salomón Rondón: Cumplió un rol relevante junto con Peñaranda, su partner ante la ausencia de Josef Martínez para llevar el peso ofensivo, sin embargo el gol no se le da a quien está llamado a ser el que los haga. Con diez compañeros quedó aislado y poco pudo hacer. Se sigue vaciando en lucha y brega pero dista de ser el jugador letal que fuera hasta hace poco.

Josef Martínez: Le dio movilidad al equipo cuando ingresó, ajustando nuevamente el esquema al 4-4-2, con el que mejor cara se ha visto en su desempeño Venezuela, pero la expulsión de Vizcarrondo lo alejó del protagonismo cuando Uruguay tuvo el marcador favorable y la superioridad numérica para hacer su juego con la posesión. Se notó su ausencia en la titularidad, máxime cuando es notoria su buena conexión con Rondón.

José Manuel Velázquez: Su trabajo y respuesta ante las emergencias demuestra que no está para ser back up de nadie. Irá desde el vamos contra Brasil no por méritos propios, pero se antoja que debe conservar esa categoría pensando en el futuro. Entró sin complejos y estabilizó el funcionamiento defensivo de un equipo que tenía que jugar con diez hombres ante Uruguay en el Centenario. Su actualidad es una de las pocas buenas noticias en torno a la Selección.

Rómulo Otero: Jugar en Brasil y que haya visto minutos ante Uruguay es una antesala a la posibilidad de verlo titular en el duelo del martes ante la Canarinha en Mérida. Contó con poco tiempo para demostrar algo.