El recuerdo futbolero de aquel 4 de febrero

¿Qué pasaba en el fútbol venezolano cuando un grupo de militares intentó hacerse con Miraflores? En esta columna, Carlos Domingues lo cuenta, como testigo de aquella aventura que cambiaría al país para siempre

El recuerdo futbolero de aquel 4 de febrero

“Epa, muchachos: vamos a la azotea… ¡Están tumbando el gobierno!”, gritó César, el vecino del piso 10, interrumpiendo el sueño de mi casa con el chillido atronador del viejo timbre del apartamento.

Avenida Baralt, esquina de Muñoz, que hace cuadro con la Farmacia Muñoz y el extinto Cine Baralt. Ahí, en el edificio Aura, a una cuadra del Congreso (hoy Asamblea Nacional) y a tres de la fachada del Palacio de Miraflores, vivía cuando chamo. Una perspectiva visual que cualquier reportero de guerra envidiaría aquella madrugada. Recién había cumplido yo 13 años por aquellos días. Ávidos de chisme, subió la tropa juvenil del edificio a presenciar en palco VIP, desde lo más alto del edificio, cómo unos militares asaltaban el palacio presidencial.

No sabíamos qué pasaba. Sí teníamos el recuerdo fresco en la memoria del Caracazo, aquellos días hacía tres años cuando las calles del Centro de la ciudad se llenaron de sangre, muerte, disparos, saqueo y vandalismo. Fui de los que pudo presenciar en vivo cuando Miguel Ávila, al mando de una tanqueta, rompió los muros y el portón del Palacio Blanco, sede del regimiento de la Guardia de Honor presidencial.

Esa fue la imagen que me quedó de aquella madrugada del 4 de febrero (a la azotea subimos como a las 11:30 pm del día 3). Sonaron algunas descargas de aquellos fusiles franceses (famosos por aquel tiempo) llamados FAL, pero por muy poco tiempo. Una columna de humo se erigió en la oscuridad de la madrugada desde dentro del Palacio de Miraflores. Nadie durmió. Al rato vimos al presidente Carlos Andrés Pérez en una alocución en cadena nacional llamando a la calma. Las cosas no estaban normales.

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Mis recuerdos futboleros también están intactos. Por aquellos días, el Marítimo andaba bien y se jugaba el Preolímpico de Barcelona 92 en Asunción, Paraguay. Venezuela, como cristiano a los leones, había debutado nada menos que contra el local, Paraguay, el viernes 31 de enero con victoria para los anfitriones con gol de un tal Carlos Gamarra.

La Vinotinto se estaba preparando para su segundo duelo, el 5 de febrero, contra Perú. Había visto el debut en diferido por RCTV y esperanzado, creía que ganando a los peruanos, podíamos mantener la esperanza de una clasificación. “Estábamos en una Asunción todavía muy rural, de un país que recientemente salía de la dictadura de Stroessner. Los periodistas estábamos alojados en el hotel Gran Paraná, donde también concentraba la Selección de Venezuela y hubo mucha angustia y confusión porque nos enteramos justo cuando terminó el partido entre Brasil y Paraguay de que había un golpe de estado en nuestro país”, recuerda Daniel Chapela, que por aquellos tiempos trabajaba para Radio 1.300.

“No nos podíamos comunicar con Caracas. La comunicación era muy arcaica en el hotel, el sistema de llamada era de clavijas y era difícil saber realmente qué pasaba. Fui a despertar a Cristóbal Guerra a su habitación. La confusión era tremenda”, señala Chapela.

Lo cierto es que una vez controlada la asonada militar, Carlos Andrés Pérez solicitó al congreso la suspensión de las garantías constitucionales. El temor por un nuevo toque de queda, tal como el que se vivió en 1989, asomaba la posibilidad que aquel fin de semana no hubiera fútbol del torneo local. Y sí hubo.

El 4 de febrero fue un martes y la Liga Profesional, que por aquellos tiempos era presidida por Laureano González, ordenó disputar la fecha 16, la primera de la segunda vuelta del campeonato, tal y como estaba previsto, el fin de semana siguiente. Recuerdo que algunos equipos manifestaron su incomodidad por los traslados que debían hacer en el país, sabiendo que aún la inestabilidad política y social se respiraba fresca (me tocó hacer un par de colas enormes, de varias horas, para entrar al supermercado, por el temor de la población a quedarse con las despensas vacías en caso de una nueva asonada militar).

A Marítimo le tocó difícil. El fin de semana antes de la intentona golpista jugó el derbi de la capital y le ganó 2-1 al Caracas con un ambientazo en el remozado Estadio Olímpico. Luego del episodio del 4 de febrero, viajó a Puerto Ordaz a enfrentar al poderoso Minervén de Nerio Hernández y le sacó un empate 0-0. Aquel fin de semana, como yo solía hacer cuando no jugaba el rojiverde en casa, fui al estadio a ver la victoria del equipo de Manuel Plasencia, el Caracas, ante Deportivo Italia. 2-1, en un Brígido Iriarte casi vacío, pero abierto al público. Andaba bien el rojo, que ganó con goles del ghanés Salizú y Roby Cavallo.

El fútbol no se detuvo. Miedo había, mucho en las calles. Se respiraba intranquilidad, inestabilidad, pero siguió adelante. Caracas sería el campeón en aquel año (derrotó en la última fecha al Marítimo para alzarse con el título) y Venezuela no iba a Barcelona 92, pero con aquel golazo inolvidable de Edson Rodríguez,dejó fuera de las olimpíadas a la Brasil de Elber.

Son los recuerdos futboleros de aquel 4F.

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