El legado agrícola de Chávez no florece

En el corazón de Bellas Artes, el cultivo organopónico Bolívar I -modelo para los sembradíos venideros- sobrevive entre el humo y los escombros. A casi 13 años de su inauguración por el mismo Hugo Chávez, los milicianos que allí laboran no vacilan en preservar el legado de su “Comandante Supremo”, con pico, pala y semillas en mano. Mientras, los potenciales compradores aplauden la iniciativa, más no sus insuficientes frutos

El legado agrícola de Chávez no florece

Dos cuencos llenos de agua y una alfombra de cal reciben a quienes entran al cultivo organopónico Bolívar I, al lado de la estación de metro de Bellas Artes y frente al recién estrenado edificio de la Gran Misión Vivienda en la avenida México. Son medidas “para no dañar la tierra ni los productos orgánicos que tenemos acá”, dice Oswaldo Pedraza, un miliciano sexagenario que recién ingresó en el programa en octubre de 2015. Las botellas vacías y las bolsas de plástico parecen no representar un daño potencial para su siembra. Tampoco la maleza circundante. Allí no aplican los horarios establecidos en la Ley Orgánica del Trabajo, los Trabajadores y las Trabajadoras, ni normas sanitarias. Solo la disposición de los 30 milicianos, diez técnicos y los liceístas voluntarios de preservar, a duras penas, el legado de su Comandante Supremo en materia de agricultura urbana.