Dónde estamos en Venezuela hoy

La salvaje represión del pasado 23 de febrero puso al desnudo las atrocidades del fascismo. Repudiado por la casi totalidad de los venezolanos y censurado por la comunidad democrática internacional por sus prácticas dictatoriales y delincuenciales, el usurpador Maduro se atrinchera con militares corruptos y malandros, cómplices en la depredación y ruina del país. Ya no intenta guardar las formas de un gobierno civilizado para legitimarse ante el mundo. Recurre ahora a colectivos fascistas –malandros empoderados por Freddy Bernal--, presos controlados por los pranes de Iris Varela y elenos mercenarios para asesinar a compatriotas desarmados y quemar suministros humanitarios de medicamentos y raciones alimenticias. Eleva la barbarie a niveles aún más perversos.

Dónde estamos en Venezuela hoy

El fascismo quiere presentar este saboteo canallesco a la misión humanitaria como un triunfo épico contra el asedio de fuerzas imperiales empeñadas en acabar con su “revolución”. Y haciendo gala de una estupidez supina, denuncian que tales “fuerzas del mal” quieren ponerle la mano a nuestro crudo, cuando todo el mundo sabe que los EE.UU. están en vías de ser autosuficientes en materia petrolera y que el régimen fascista les ha estado vendiendo crudo con plácemes, pues son los únicos que le pagan chin-chin. Ahora ese “imperio codicioso de nuestras riquezas” muestra tan poco interés que le ha comunicado a Maduro que ya no le pagarán el crudo que tan desesperadamente quiere que le compren.

Lo que revela la salvajada del 23 no es ningún triunfo del régimen sino su descomposición terminal. Como quien va pelando sucesivamente las capas de una cebolla en mal estado, lo que ha quedado al descubierto a través de los años es un corazón pútrido, mafioso, rodeado por sus sicarios más leales y obsecuentes. Ya no confía que la Fuerza Armada seguirá reprimiendo en su defensa, como lo atestigua el coladero en que se convirtió la frontera colombiana. De ahí que, cual Pablo Escobar redivivo, Maduro se atrinchera con lo peor que tiene, los más desalmados, en señal más que clara que el poder que le queda es batirse a plomo para defender sus pillerías.

Lo trágico del fascismo es que construye una falsa realidad para “legitimar” su afán destructivo. Así ocurrió en Venezuela, con su población deseosa de creer en el futuro providencial ofrecido por Chávez. 20 años después, con ese futuro hecho una ruina total, caerse a embuste se ha convertido en necesidad vital para los propios capos, su última línea de defensa. Les libra de toda atadura moral, humanitaria, legal y ética que les impida asesinar y para compadecerse de sus víctimas. Maduro se hace filmar bailando, mientras sus bandas matan compatriotas, para obviar esa realidad, aislándose en su burbuja de fantasía. Interrumpe abruptamente la entrevista del periodista de Univisión y ordena su retención porque éste la perforó con un video de niños comiendo de un camión de basura. Y el payaso de Arreaza, sin vergüenza ni respeto alguno por sí mismo, aparece en la ONU alegando que la ayuda humanitaria no era tal, sino alambre púas y tornillos para crear barricadas (¡!) Es la famosa “banalidad del mal”, amparado en la construcción de un mundo ficticio perverso capaz de absolver los peores pecados.

El núcleo criminal del fascismo –Maduro, Padrino, Diosdado y los hermanitos Rodríguez– no va a negociar su salida por las buenas. Se refugian descaradamente en sus mentiras, con los elementos más criminales de la sociedad, para defender su botín. No se dan cuenta que terminaron por “pelar las capas de cebolla”, desnudando toda su malignidad, y que ello los ha hecho mucho más vulnerables.

El apoyo internacional es ahora más decisivo que nunca. Nos enfrentamos a una contienda asimétrica, en la cual un pueblo democrático enfrenta con la constitución y con las banderas de la libertad y la justicia, a una banda mafiosa, dispuesta a todo para permanecer en el poder. De ahí la importancia de las sanciones que restringen su capacidad para seguir financiando a sus matones, y la presentación de una amenaza real y creíble que evite que crucen la raya, incluyendo una posible intervención militar. Lograr un acuerdo de la comunidad internacional en torno a esto último, hasta ahora renuente, es de primordial importancia, paradójicamente porque será la vía más segura para evitar que escale la violencia. En este orden, debe enviarse una señal clara a Cuba de que desista de meter sus manos criminales en Venezuela para defender a Maduro.

En su estado actual, la Fuerza Armada no aguanta siquiera un amago de intervención de una potencia como EE.UU. Se encuentra fragmentada, sin aprestos adecuados, sus líneas de mando intervenidas políticamente y con una logística debilitada. El fascismo está consciente de ello. Ante el estado de desmoralización en su seno, ¿estará dispuesta a dar su vida por mandos notoriamente corruptos? Desde luego, la proyección de una “invasión imperialista” como amenaza podría avivar cierta resistencia, pero eso es precisamente lo que debe evitarse. De ahí que la amenaza debe ser velada, parte de una ofensiva política que la dejaría entrever sólo como medida de última instancia si no se avanza perentoriamente a una salida negociada que asegure a los venezolanos posibilidades de superar la presente situación. Para ello existe el Plan País y los lineamientos políticos anunciados por el presidente (E) Juan Guaidó: Cese de la usurpación, gobierno de transición y elecciones confiables.

Elemento central de la necesaria presión política y diplomática es la insistencia en llevar la ayuda humanitaria a los sectores más vulnerables. Debe esforzarse porque, en este empeño, los gobiernos amigos se comprometan para que ello pueda cumplirse. Continuar invitando a los integrantes de la fuerza armada para que abandonen al usurpador y defiendan la constitución sigue siendo, asimismo, crucial. Luego, es imprescindible rodear al presidente (E) Juan Guaidó con importantes movilizaciones para continuar mostrando que el apoyo multitudinario y combativo de los venezolanos a la democracia no va a cesar hasta cumplir con los lineamientos propuestos.

En los próximos días su regreso al país será una importante prueba, ante de la amenaza del dictador por apresarlo. De no existir una clara señal de los países amigos, en primer lugar, de EE.UU., Colombia y Brasil, de que ello no será tolerable, Maduro, en su desesperación, pudiera estar tentado a ello o, incluso algo peor, para “resolver” su situación. Es la clásica huida hacia delante de la que tanto han abusado dictadores y mafiosos.

Tengo mucho tiempo insistiendo en la naturaleza fascista del régimen y que, por tanto –invirtiendo a Clausewitz– concibe a la política como una guerra por otros medios. Lamento haber tenido la razón porque, en el trance de perderlo todo, su imaginario los empuja a inmolarse en una conflagración final. Minimizar esta eventualidad no depende de que los convenzamos o apelamos a los intereses superiores de la nación. Han dado muestra fehaciente de que no les importa. El apaciguamiento a lo Chamberlain ante Hitler con un llamado etéreo a dialogar para encontrar una salida pacífica, sólo les regalará más tiempo para seguir destruyendo, con el trágico saldo de muertes por desnutrición, falta de medicamentos y violencia. Se envalentonarán más para cometer disparates como apresar a Guaidó y a los integrantes de la AN, o desaparecerlos, precipitando al país a niveles de violencia que deben evitarse. De ahí también lo importante de reforzar puertas de salida como la amnistía para aquellos que no estén incursos en crímenes de lesa humanidad. Esperemos que, a diferencia de Pablo Escobar, prefieran querer disfrutar de sus fortunas mal-habidas en Turquía o Bielorrusia.

Benjamín Labatut: "La literatura es un arte oscuro"

Labatut asiste con emoción al momento que vivimos en este inicio del siglo XXI, en el que "se están empezando a desarrollar modos de interactuar con la realidad y de concebirnos a nosotros mismos que están anunciados tanto en la ciencia, a través de la física cuántica, como en la literatura"