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La Semana Santa se vive en casa y conectados

La Iglesia católica celebra su Semana Mayor sin actividades en sus sedes ni feligreses que le acompañen. El llamado es vivir la pasión, muerte y resurrección de Cristo desde el hogar, una acción que remite a la iglesia primitiva: la doméstica

La Semana Santa se vive en casa y conectados

A Venezuela el coronavirus arribó en plena Cuaresma, tiempo de reflexión y preparación para vivir las fiestas pascuales. Y con el anuncio de los dos primeros casos de Covid-19, la Conferencia Episcopal emitió un documento donde la fe y sus tradiciones apuntaban a un reto mucho más grande que al que llama el tiempo litúrgico.

Las líneas no solo referían que el entusiasmo del abrazo de paz se suprimiera, también aconsejaban recibir la comunión en la mano, no tocar las imágenes de los templos, ejercer el sacramento de la confesión con tapabocas y “reprogramar las diversas actividades pastorales, principalmente la catequesis parroquial, siguiendo las indicaciones de las autoridades sobre la situación del Covid-19 en el país”.

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El anuncio aun no contemplaba la cancelación de las actividades tradicionales de Semana Santa, pero era cuestión de tiempo.

Cada obispo, desde su diócesis, es responsable de aplicar las medidas necesarias para el desarrollo de las actividades pastorales. Baltazar Porras Cardozo, cardenal arzobispo de Mérida y administrador apostólico de Caracas, insistió en que las puertas de los templos se mantuvieran abiertas “como signo de esperanza y de confianza, pero no se celebren actos litúrgicos o devocionales con fieles”.

Desde entonces, la Iglesia usa como herramienta a las redes sociales: muchas parroquias, a través de Instagram Live, ofrecen a sus feligreses la palabra del Señor.

 

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“El Papa ha pedido a los pastores no dejar solo al rebaño; es decir, al pueblo de Dios. Para eso ha instado a que, en la medida de lo posible, las celebraciones sean transmitidas para para que la gente pueda participar de ellas por medio de los medios de comunicación”, explica Juan Carlos Castillo, párroco de la iglesia Nuestra Señora de Lourdes, en Caracas.

Con el pasar de los días y el ascenso de los casos diagnosticados en Venezuela, las medidas preventivas se intensificaron: el confinamiento se extendió –oficialmente y de momento- hasta el lunes 13 de abril, y con ello las tradiciones de la fe católica deben adaptarse al momento.

Una semana diferente

Las campanas de la iglesia sonaron a primera hora el domingo de Ramos. La melodía -como cada año- no solo invitaba a los fieles cristianos a asistir a la bendición de palmas, acción que recuerda la llegada de Cristo a Jerusalén: también marcaba el inicio de la Semana Santa.

Pero la mañana del 5 de abril de 2020 todo fue diferente: la iglesia mantuvo sus puertas cerradas y la feligresía nunca llegó.

“Esta semana es inédita para la Iglesia, puesto que nunca se había pensado una Semana Santa sin los fieles, sin la gente. La Iglesia invita a permanecer en sus casas y celebrar desde la familia esta semana, sabiendo que aun cuando los templos están vacíos, la verdadera Iglesia es la iglesia familiar, la iglesia doméstica sigue viva”, agrega el párroco, quien explica que es en el hogar donde se “cultivan los valores evangélicos”.

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Por ello, bajo el lema “Semana Santa en casa”, la Arquidiócesis de Caracas hizo llegar a sus fieles un subsidio-litúrgico pastoral para que cada familia pueda vivir la pasión, muerte y resurrección desde su hogar. El “subsidio” es un manual con un paso a paso diario de las acciones a realizar para la celebración en cuarentena.

“Los subsidios están expuestos de manera sencilla para que puedan celebrar el significado de ese día. Por ejemplo, en el subsidio había una celebración de domingo de ramos con todos los pasos a seguir, con todas las oraciones a seguir y que el papá o la mamá podían realizar en su casa, y así para cada día. Es un esquema corto de una página y media, o dos páginas cuanto mucho, de cómo poder celebrar en la casa. Te dice desde ‘en el nombre del padre, del hijo, del espíritu santo’, hasta que termina la celebración”, añade el sacerdote.

Ni visitas ni procesión

“La tradición popular en Venezuela se verá afectada puesto que los fieles no pueden acercarse a los templos a manifestar su fe como lo tenían acostumbrado. Eso implica que la gente que paga promesas no podrá hacerlo y quienes visitan los templos tampoco”, indica el sacerdote.

Aclara que una vez pase la emergencia que hoy nos agobia, el Nazareno seguirá estando en el templo y quienes deseen podrán acercarse para cumplir su palabra. Mientras tanto, insiste en el llamado de vivir la Semana Mayor desde casa para evitar los contagios.

Nazareno de San Pablo

Inicialmente se informó que el Nazareno de San Pablo -una de las devociones más importantes en Caracas, y Venezuela- sería sacado de la Basílica de Santa Teresa el Miércoles Santo, día que se le conmemora, para recorrer la ciudad en el papamóvil.

Un consuelo para sus devotos que, al menos, lo verían pasar.

Pero hubo un nuevo cambio de planes. La tarde de este Lunes Santo, la Arquidiócesis de Caracas informó por su cuenta de Twitter que “este año no saldrá el Nazareno de San Pablo  a las calles y avenidas de Caracas. Estamos diseñando una vía para que el Miércoles Santo, la principal devoción de los caraqueños llegue a sus hogares por la TV y redes sociales”.

La mañana de este miércoles una nueva decisión tomó por sorpresa a los devotos: la Arquidiócesis informó que el Nazareno de San Pablo sí saldría de la Basílica de Santa Teresa y recorrería las principales calles y avenidas de la ciudad, desde el oeste hasta el este.

Pese a las restricciones suscitadas por la pandemia, el padre Juan Carlos Castillo asegura que es posible vivir esta Semana Santa desde casa porque la familia es la “primera Iglesia”.

El reto, asegura, es que los fieles se conecten por medios convencionales (radio y televisión) y por redes sociales a las liturgias. Y además, la Iglesia considera que esta es una oportunidad para que los laicos puedan potenciar su bautismo como “discípulos de Jesucristo”.