Benigno Alarcón: "Regionales están diseñadas para autocratizar"

El politóligo advierte que pese a que están dadas las condiciones y que el proceso electoral que se vislumbra para los comicios regionales se parece mucho a los que se dan en Rusia o Bielorrusia, un mínimo de garantías, no obstante, permitiría a la verdadera oposición ganar algunos espacios

Benigno Alarcón: "Regionales están diseñadas para autocratizar"

A fines de este año, tal parece, habrá unas elecciones regionales que, cuando menos, lucen difusas. «¿Son estas elecciones una oportunidad para avanzar en un proceso de democratización. O para que la oposición se reposicione de alguna manera y gane fortaleza?, se pregunta y se responde Benigno Alarcón, director del Centro de Estudios Políticos y de Gobierno de la UCAB: «La realidad es que no. Y la respuesta es no porque este proceso electoral está diseñado no para hacer una apertura democrática, sino para avanzar en un proceso de automatización».

Así rompe el hielo, claro y raspao.

Alarcón explica que los autoritarismos electorales, los regímenes híbridos, y también la autocracia de tipo electoral, utilizan las elecciones bajo prácticas que de alguna manera buscan su legitimación como regímenes pero no ponen en riesgo el control del poder: «Básicamente cuando nosotros estamos en una elección bajo un sistema democrático hay unas reglas, por decirlo así, que permiten que haya certidumbre sobre el proceso, que nadie tenga duda de cuáles son las reglas para competir, de bajo qué condiciones se compite y sobre la imparcialidad del árbitro».

Se tiene la certeza de que si se cumplen determinadas condiciones se puede participar en el proceso electoral «y de que si yo gano en ese proceso electoral los resultados serán reconocidos y las consecuencias de haber ganado ese proceso serán respetados. Habrá una transferencia de poder de los actores que pierden la elección a los actores que la hagan. Y por supuesto, hay también una enorme incertidumbre sobre los resultados. O sea, nadie puede estar seguro de ganar la elección. Nadie puede tener la certeza de quién va a ganar la elección, porque sencillamente va a depender todo de lo que suceda, de la voluntad de la gente».

Explica que cuando estamos bajo autoritarismos electorales lo que vamos a conseguir es que hay una enorme incertidumbre pero sobre las reglas. Nadie está seguro de poder competir. Nadie está seguro de si le van a permitir competir en esa elección. Nadie está seguro de las condiciones en las que finalmente se producirá esa elección, porque el gobierno va cambiando las reglas a su conveniencia.

«Como lo hemos visto aquí. Se modifican centros electorales, se modifican condiciones. No hay certeza de que voy a poder tener acceso a los medios, ni tan siquiera de que voy a poder competir. Por el otro lado, bajo estos regímenes, de lo que sí hay muy poca incertidumbre es sobre quién va a ganar la elección. Todo el mundo da por sentado de que va a ganar el gobierno y eso suele generar niveles muy altos de abstensión, sobre todo entre aquellos electores que adversan al gobierno» advierte Alarcón: «Entonces, bajo esas condiciones hay muy pocas posibilidades de poder avanzar en un proceso de democratización. Eso sucedería, obviamente, si el Gobierno estuviera dispuesto a negociar reglas para producir una elección democrática. Pero el problema justamente es que el Gobierno sabe que en la medida que otorga condiciones a la oposición para aumentar los niveles de la competencia electoral, arriesga más su posibilidad de mantener el poder. Obviamente en un proceso donde el gobierno tiene el control de la Asamblea Nacional, donde puede controlar quiénes van a ser los árbitros electorales, o sea los rectores del proceso electoral, no cabe ninguna posibilidad de que el Gobierno se arriesgue a un proceso de este tipo».

Dice que también los regímenes autoritarios aprenden y saben que justamente cuando los gobiernos se equivocan y toman riesgos innecesariamente, pues terminan produciéndose esos procesos de transición, como ha ocurrido en muchos otros países. «Le sucedió a Pinochet con el referéndum, le sucedió a Milosevic en la elección donde perdió y le ha sucedido a muchos otros, le sucedió a Evo Morales recientemente con la elección en Bolivia. Le sucedió a Fujimori en su momento. Entonces, es poco probable que el gobierno tome riesgos allí», evita medias tintas que creen vanas ilusiones.

Y trata de atinar qué pasaría con el vaso medio lleno: «Obviamente, si las condiciones cambiaran, lo cual yo veo difícil, puede haber algunos ajustes, algunas concesiones. Podríamos tener alguna posibilidad de avance hacia un proceso de apertura, de democratización. Pero si las reglas no cambian, los procesos electorales diseñados de esta manera, básicamente lo que hacen es producir una mayor autogratificación».

Hay un diseño que busca la proliferación exagerada, por decirlo así, de candidaturas. Se les permite inscribirse y se reducen, por decirlo así, las barreras para participar en la elección. Porque con ellos lo que se busca es que entre esos votantes que adversan al Gobierno haya una multiplicidad de opciones que nunca van a lograr ponerse de acuerdo en candidaturas unitarias, lo que va a permitir generar una enorme dispersión del voto, como sucedió el 6 de diciembre.

«Con lo cual tú puedes tener que el voto opositor, por ejemplo, sea mayoría. Pero aún así la dispersión no permite que ningún candidato opositor pueda ganar. En este caso va a haber una dispersión del voto muy grande, pero tampoco la mayoría del voto va a ser opositor, con lo cual la pela por decirlo así, que puede dar el gobierno es muy grande. Porque muchos opositores si no hay reglas claras de juego, pues optan por abstenerse de votar nuevamente y quienes participan, pues será un porcentaje mucho menor de los electores opositores y encima con una enorme dispersión del voto. Todo apunta a que si el gobierno logra imponer su diseño, si logra seguir avanzando en la estrategia que se ha planteado, tendría en manos una elección que le permitiría dominar sin lugar a dudas la mayoría de las gobernaciones y alcaldías en Venezuela».

Entonces, ¿en estas regionales que se avecinan, la oposición no podrá obtener ninguna conquista? Alarcón cree que pese a las condiciones, sí es posible en aquellos lugares donde la oposición cuente con un referente inequívoco: «Me refiero a un liderazgo que todo el mundo mire hacia él y lo reconozca como la candidatura que tiene más oportunidad, independientemente de que nos guste o no del todo. Y que todo el mundo sepa que hay que concentrar el voto allí. Eso puede pasar en lugares como El Hatillo, Chacao, Baruta. Puede suceder también en algunos municipios del interior del país e incluso en algunos estados, como Táchira, donde la gobernadora actual es una gobernadora de oposición o Nueva Esparta, por ejemplo. Obviamente eso implica que ese referente sea capaz de convencer a los electores de salir a votar. No solamente es cuestión de contar con el voto y ser capaz de concentrarlo por ser referente principal, sino también ser capaz de convencernos de salir a votar y de no entregar ese espacio. Bajo esas condiciones los opositores podrían ganar algunos espacios en algunos lugares determinados, que nunca van a ser la mayoría de los espacios ni regionales ni municipales». Peor es nada. Algo es algo.

«Pero si pudieran conservarse algunos espacios. ¿Bajo qué condiciones votar?», otra vez se pregunta Alarcón: «Bajo un régimen autoritario, las condiciones nunca van a ser ideales. Eso se ha dicho muchas veces. Y no se puede apuntar hacia condiciones perfectas para decidir entre ir o no ir a votar. Básicamente, una elección en estos casos hay que tomarla -por poner alguna metáfora-, como si estuviéramos atravesando un campo minado. Entonces siempre sabemos que las minas van a estar allí. Sabemos que las posibilidades de lograrlo son bajas. Pero si nos vamos a animar a hacerlo, tiene que haber una hoja de ruta, una especie de mapa del campo minado, un conocimiento mínimo de cómo confrontar esa situación que siempre va a ser desfavorable y un plan para poder atravesarlo y salir adelante con el menor riesgo posible».

El analista calibra que, obviamente, si se dan algunas condiciones -en otras palabras, si se logran desmontar algunas minas en ese campo minado- las posibilidades de triunfar para la oposición son mucho más grandes. Ha habido procesos de transición donde las condiciones electorales eran muy pobres, pero el nivel de organización, de estructura y el plan desarrollado por la oposición, le permitió ganar los procesos electorales y producir eso que en inglés llaman una stunning election, explica el vocero: «Son esas elecciones que sorprenden al gobierno porque en ningún momento pensó que las podía perder y mucho menos que que no pudiese lidiar con las consecuencias de perderlas. Normalmente en esos procesos ha habido una estructura organizativa y de movilización importante, no solamente para sacar a la gente a votar, sino para después defender el proceso».

Una organización internacional multilateral, básicamente formada por expertos, por gente que sabe de esto y que de alguna manera impediría que el gobierno pudiera sacar adelante un fraude, sería una garantía. Alarcón opina que eso aumentaría de manera muy significativa la participación.

Una condición que debe exigirse es que la oposición cuente con una tarjeta reconocida, no que tenga que construirla desde cero y las que han sido intervenidas judicialmente -Acción Democrática, Primero Justicia, Voluntad Popular- que les sean devueltas a sus autoridades y que esto permita presentarse al proceso electoral con una bandera ya posicionada, que sea reconocida y no con una que juegue en desventaja porque hay que construirla en un tiempo muy corto. «Creo que si pudiéramos contar con tres condiciones de este estilo, por decirlo así, las posibilidades de que la oposición pudiera ganar el proceso aumentarían de manera significativa».

En relación a las candidaturas, avanza el analista, sería importante que aquellas candidaturas que tienen la oportunidad, que tienen legitimidad, que son reconocidas por la gente como sus candidatos, se les permitiese participar en la elección: «Esa sería una condición prácticamente irrenunciable».

Alarcón apunta que hay que tomar en cuenta lo que ocurrió con las candidaturas y los partidos que participaron en la elección del 6D, independientemente de que estén cooptados o no por el gobierno y de que no sean oposición en realidad: la mayoría de los electores no ven a esas candidaturas y a esos partidos como de oposición. No los reconocen como partidos de oposición. Esa intención de tratar de sustituir a la oposición mayoritaria no se dio y la mejor prueba de que no se dio está en los resultados de una votación definitivamente muy baja. Ninguno de esos partidos o de esas candidaturas tenía la capacidad para representar o convertirse en referente de la oposición. El tema de las candidaturas es vital. No hay un reemplazo de la oposición. Y por ahí hay algunas personas hablando tonterías en el sentido de que ahora hay un nuevo mapa político, que ahora hay unos nuevos actores».

Eso que ha explicado son aspiraciones. No forman parte todavía del panorama electoral. Alarcón está claro: «Este no es un proceso que está diseñado para ser competitivo, para ser democrático, para hacer una elección libre. Es un proceso que no goza de lo que se llama integridad electoral y está diseñado no para democratizar, sino para autocratizar. Son los procesos electorales típicos que se producen en países como Rusia, Bielorrusia y como buena parte de las repúblicas africanas, donde básicamente lo que se busca es mantener el poder y no alguna posibilidad de alternancia en el poder. Para eso está diseñada esta elección. El éxito posible que pueda tener la oposición participando en un proceso de este tipo tiene unas posibilidades bajas, pero no imposibles».