Anatomía del joven activista venezolano

Aquí una pequeña muestra que retrata cómo algunos jóvenes inician su carrera en política haciendo las veces de activistas. No temen pese a no desconocer los riesgos en un país que castiga la disidencia. Carne de cañón, millennials o esperanza, el asunto es que el futuro es ahora. Los próximos líderes no quieren perder tiempo. Preparen las críticas y los votos

Anatomía del joven activista venezolano

Si para el ensayista ruso Joseph Brodsky un partido político es “esencialmente una realidad ficticia inventada por los desempleados mentales”, a muchos otros les resulta que encarna la plataforma idónea para la participación ciudadana en la agenda democrática, donde caben las sanas rivalidades por el bien común. El imaginario político nacional se sostiene en legendarios nombres repetidos —y a veces olvidados— durante la educación básica: Partido Liberal, Generación del 28, Pacto de Punto Fijo, comunistas, adecos o copeyanos; y desde principios de este milenio, chavistas, escuálidos, opositor mas no mudista o chavista mas no madurista. Así, la militancia en Venezuela flamea entre disímiles alternativas, entre la frivolidad y el heroísmo, desde propuestas que lucen desatinadas como pasearse con unos burros como protesta ante el Consejo Nacional Electoral (CNE), hasta jóvenes que, a pesar de notables asesinatos y detenciones a la orden del día, insisten en plantarse de cara al poder, cuestión que incita el resquemor cuando se denota la importancia de la participación juvenil en el espectro militante, como si en ellos se encarnara una de las tantas caras peligrosamente mesiánicas en las que el venezolano pone su esperanza frente a los tiempos inciertos.

Pero, ¿quiénes son estos jóvenes que participan activamente en el debate y se plantean ser los representantes de una comunidad? ¿Cómo es ser joven en la Venezuela actual y responder a las directrices de un partido? ¿Qué se puede esperar de ellos? Aquí tienen una muestra.

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Michele Rahi es estudiante del sexto semestre de Derecho en la Universidad Santa María. Fue en 2012, a los 15 años, cuando tocó la puerta de Primero Justicia (PJ), en Lechería, estado Anzoátegui, a fin de averiguar si podía inscribirse en el partido a tan tierna edad. Le dijeron que no podía en aquellos momentos, pero le permitieron prestar su apoyo en algunas actividades. “Y allí empezó toda esta historia”, refiere orgulloso, gracias a la cual ha podido conocer las duras realidades que viven los venezolanos, “desde niñas embarazadas o consumiendo drogas, hasta gente que vive sobre la tierra sin un techo. Cada experiencia nos hace valorar las cosas que tenemos a nuestro alrededor y nos da fuerza y motivos para seguir luchando por el futuro de los más necesitados”, señala con fervor.

Entre las razones que esgrime para haber elegido Primero Justicia como su casa de militancia política acentúa que se trata de un partido que de manera coherente promueve una nueva forma de hacer política, “alejada de los vicios del pasado y del presente, donde la persona es el centro de toda acción. Y segundo, por ser la casa de Henrique Capriles Radonski”. Sin embargo, al ser interrogado por la figura que gana su admiración, no duda en responder más allá del amado líder: “En Primero Justicia los protagonistas del cambio son todas esas personas que día a día se despiertan temprano para salir a luchar  por el futuro que todos merecemos. Ellos tienen toda mi admiración y respeto. No girar en torno a un líder, sino promover el desarrollo de nuestros equipos, es lo que ha hecho que dentro de nuestra organización existan liderazgos consolidados en cada rincón de Venezuela”.

¿Cómo fue tu preparación? ¿Se debe cumplir con un adiestramiento para cumplir funciones de activista de Primero Justicia?

―Aquí asumimos la formación como la piedra angular de nuestro accionar político, es por ello que nuestro partido proporciona a su militancia las herramientas necesarias que le permita estar preparada para los grandes retos que tiene nuestro país para superar esta crisis y avanzar hacia un futuro de oportunidades. Actualmente soy Coordinador Juvenil de PJ en Lechería (Anzoátegui), desde allí promovemos la participación política de los jóvenes de nuestro municipio, formando una juventud empoderada y formada para sumir los nuevos retos que nos pondrá Venezuela.

¿Se aceptan críticas en el seno de tu partido? Si pudieras criticarle algo, ¿qué sería?

―Desde el principio nuestro partido ha tenido clara la necesidad de que nuestros militantes participen de manera activa en la toma de decisiones y eso implica necesariamente la aceptación de la crítica. Aquí la opinión de todos cuenta de la misma manera. Creo que en Primero Justicia tenemos el reto de seguir creciendo, estamos llamados a ser los conductores del cambio en Venezuela y para ello es necesaria la integración y formación de nuevos militantes.

Su futuro luce claro para él, en medio de las adversidades y las amenazas que se ciernen sobre el activismo opositor: “Seguir trabajando para que cada venezolano tenga oportunidades de progresar, ese es el objetivo, cambiar de manera definitiva y para siempre el curso de nuestro país hacia una nación de prosperidad y progreso para todos por igual. Tendremos un nuevo gobierno que va a trabajar para humanizar a nuestro país. La existencia de presos políticos es más bien una razón para trabajar por el cambio y la reconciliación de toda Venezuela. El país que vamos a construir será una Venezuela donde se respete la libertad de cada ciudadano de pensar y decidir. Es más peligroso quedarse de brazos cruzados y dejar que destruyan al país que salir a trabajar para que las cosas cambien.”

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María José Brito, contra la represión

María José Brito tiene 20 años y es asistente político del diputado Carlos Andrés Michelangeli, además de cursar la carrera de Derecho en la Universidad Santa María. Llegó al activismo por la sensación de que tenía que formar parte de la lucha por el país. Desde pequeña estuvo interesada en la política, dado que su familia, oriunda de Valle de la Pascua, estado Guárico, nunca estuvo de acuerdo con el gobierno de Hugo Chávez. Recuerda especialmente cuando su mamá la llevó al aeropuerto de Valle de la Pascua para conocer al entonces candidato Henrique Salas Römer: “Recuerdo cuando él perdió las elecciones, fue mi primera decepción política. Después de eso mi madre me llevaba con ella a ejercer su derecho al voto y me manchaba el dedito. También recuerdo la campaña de Manuel Rosales y la tristeza tan grande que sentí la madrugada del 4 de diciembre del 2006 cuando escuchaba las caravanas de Hugo Chávez en el momento que ganó su segundo mandato, yo tenía 11 años y a esa edad sentía que mi futuro y el de Venezuela estaba en juego.”

“No desperté un día diciendo que quería ser adeca”, acota la joven, en cuya cuenta de Instagram se puede apreciar cómo combina su juventud con su vocación. Una experiencia personal íntimamente relacionada con el espíritu totalitario marcó el compás en su devenir militante: “En mi casa mi padre nos daba todo, se preocupaba porque recibiéramos la mejor educación, porque vistiéramos bien, porque estuviésemos bien alimentados. Yo tenía que ir a la Orquesta Sinfónica a tocar el instrumento que él quería y que a mí no me gustaba; y mi hermano tenía que ir al béisbol, no podíamos opinar si nos gustaba o no lo que hacíamos, simplemente teníamos que hacerlo y ya, porque de lo contrario papá no nos brindaría más oportunidades. En la mesa se comía como él decía y lo que a él más le gustaba, y si estabas en contra de sus opiniones lo que te esperaban eran unos correazos en el patio y eso no era muy bueno que digamos. Aunque nos formó, yo siempre pensaba que de qué me servía tenerlo todo si me sentía tan reprimida y no podía disfrutar nada. Mi mamá siempre era la mediadora del conflicto pero no había muchos frutos en esa mesa de diálogo. Fue así como empecé a pensar en un ideal, a sentir que lo más importante en la vida del ciudadano es defender sus pensamientos. Quise formar parte de algún partido político siempre y cuando fuera democrático, donde mi voz fuera escuchada y para poder trabajar más por Venezuela”. Luego de atender con cuidado las propuestas de los diversos partidos, tomó una decisión: “A mí me atraparon los ideales de Rómulo Betancourt, y el ejemplo de Carlos Andrés Pérez, con su carácter democrático quien ciertamente es mi presidente preferido en la historia, por pensar tanto en el futuro de Venezuela, dándole oportunidades de superación a los pobres y a la clase media”.

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¿Cómo fue tu preparación? ¿Se debe cumplir con un adiestramiento para cumplir funciones de activista dentro de tu partido político?

—Cuando somos menores de edad comenzamos volanteando, pegando panfletos, rayando los carros y colaborando los días de las elecciones llevando refresco, café y chucherías a los testigos de mesa, regalándole caramelitos al Plan República porque así nosotros creemos que se van a poner de nuestro lado y montando nuestros centros de llamada para movilizar al electorado, esa es la actividad normal dentro de la campaña para un joven menor de edad. A medida que me iba enganchando más, asistía a los cursos y talleres que dictaban en el comando de campaña pues esas son las oportunidades de formación que le brindan los partidos a los jóvenes que tienen interés por la política, tenía un conocimiento empírico de redes sociales porque en el colegio competía con mis compañeros a ver quién tenía más seguidores en Twitter y me permitieron manejar las redes sociales del comando juvenil de campaña. En 2014 comenzaron las protestas estudiantiles y nos organizamos un grupo de jóvenes como “Resistencia Anzoátegui”, para estar todos los días protestando en la calle por casi tres meses haciendo actividades, corriendo de los policías, asfixiándonos con gas lacrimógeno, llevando el mensaje a la gente, marchas y más marchas casi todos los días, haciendo las cruces de los fallecidos que fue un trabajo grandísimo para ponerlas en Playa Lido y en el Paseo Colón de Puerto la Cruz. A mí en dos oportunidades me detuvieron y me cayeron a golpes, cosa que me daba más rabia y ganas de seguir en la calle luchando.”

¿Hay alguna experiencia social que te haya marcado especialmente?

―Soy estudiante y vivo sola en una residencia que pagan mis padres. Fue muy duro cuando mi abuela Doris murió en 2010 debido a un cáncer vesicular. Se nos hizo difícil costear el tratamiento, conseguir los medicamentos y además enviarnos a mi hermano y a mí a estudiar en otra ciudad. Estar sola ha sido un sacrificio diario, en varias oportunidades hemos tenido que salir a hacer colas para tener con qué comer, y allí hemos tenido muchas conversaciones con la gente que está cansada de la miseria que estamos viviendo. La crisis humanitaria, la muerte diaria de niños con cáncer o por desnutrición tocan mi sensibilidad a diario; que los abuelos están sufriendo graves cuadros de anemia por falta de una alimentación balanceada es algo que no podemos evitar que nos marque todos los días.

“Sí, se aceptan críticas dentro del partido”, responde resuelta, “y si no de igual forma las haría porque como dije, quise militar en un partido siempre y cuando me permitiera pensar libremente. Algo que critico es que Acción Democrática históricamente ha sido un partido con dos corrientes que luchan por el control: están los renovadores y los ortodoxos, como cuando Jaime Lusinchi se enfrentó con Carlos Andrés Pérez porque no quería que este fuera Presidente por segunda vez, cuando Héctor Alonso López se enfrentó con Alfaro para detentar el poder adeco. Aún existen vestigios de esas corrientes, hay luchas internas que en esta época me parecen fútiles, cuando tenemos un país que por cada segundo que pierden los políticos en luchas internas de ese tipo muere un niño con cáncer por falta de medicinas”.

¿Por qué ser activista político en un país donde hay presos por razones políticas? ¿No te sientes en peligro?

―Me siento en peligro todo el tiempo, pero el miedo no nos sirve de nada, nada hacemos encerrados en la casa llorando porque el gobierno es injusto. Tenemos que salir a la calle a reclamar y a cumplir nuestras funciones como ciudadanos. Sé lo que es estar detenida por horas, me ha pasado dos veces y el miedo te arropa, te llena la zozobra y no sabes qué hacer, para los que estudiamos derecho es indignante cómo se viola el artículo 49 constitucional del debido proceso y el derecho a la defensa ¡No te dejan ni llamar! Así que esto no es fácil, pero debemos tener fortaleza de espíritu y entender que esto no es para siempre y que Dios está con nosotros.

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Miguel Kasabdji, sin modestias y ansias de poder

El afable Miguel Kasabdji también estudia Derecho en la referida casa de estudios oriental y a su discurso lo arropa “la necesidad y el hambre de superación que tienen muchos jóvenes hoy en Venezuela”. Sus hondas preocupaciones ilustran un paisaje más que notorio en estos días: no hay alimentos, no hay empleo seguro luego de terminar la carrera universitaria, no hay futuro estable para una familia en formación. “Actualmente en Venezuela es lamentable que a los jóvenes no se les permita soñar con ser mejores”, denuncia con encono

Recuerda el día en cuestión que marcó su tránsito: “Estaba caminando por Lechería y me encontré la sede de Voluntad Popular. Sentí, a mis 17 años, que era el momento de dar el primer paso en la construcción de esa Venezuela que tanto deseamos, llena de paz, bienestar y progreso. Me inscribí y empecé a trabajar de abajo hacia arriba, como lo reza nuestro partido, donde todos los derechos sean para todas las personas”.

Las razones de su elección denotan un orgullo sin falsas modestias que inspiran sus ideales de compromiso: “Es un partido que nace de la lucha social, con principios claros. Somos el partido político con más jóvenes en Venezuela, fuimos el primer partido político en escoger a sus autoridades en unas elecciones abiertas porque somos demócratas y creemos en el liderazgo de muchas personas y no le tenemos miedo a la voluntad del pueblo. Leopoldo López también fue uno de los factores influyentes de mi entrada a esta organización, se ha convertido en un icono de la lucha por la reivindicación de nuestras libertades, ahora encarcelado por creer en una Venezuela llena de oportunidades donde un joven pueda graduarse de la universidad y conseguir un empleo, donde lo que consumamos los venezolanos sea hecho en Venezuela y no se importado de otros países”.

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¿Cómo fue tu preparación? ¿Se debe cumplir con un adiestramiento para cumplir funciones de activista dentro de Voluntad Popular?

―Voluntad Popular no solo te ayuda a crecer en tu carrera política sino también como persona, ya que chocas con una realidad que no es la tuya por el simple hecho de que te encuentras en una posición un poco más cómoda dentro del desastre que hoy vivimos. Luego de ingresar al partido existen cursos de preparación para el cargo en el cual te desempeñarás. Pertenezco al Equipo Juvenil en el municipio Diego Bautista Urbaneja, un equipo integrado aproximadamente por unos veinte activistas con distintas maneras de pensar, de ver una realidad que a muchos nos golpea en diferentes espacios de nuestra vida. En nuestro municipio también existen zonas populares y allí se hace un activismo social que te llena de humanidad, ya que son actividades elaboradas desde la comunidad para la comunidad con un fin específico: mejorar la calidad de raciocinio del venezolano común. Algunas actividades son los cines de calle para los más pequeños de la casa, debates de temas polémicos con todas las personas que allí se encuentren.

¿Hay alguna experiencia social que te haya marcado especialmente?

―Sí, claro a todas las personas que están en este mundo de la política le toca el alma algún acontecimiento por más pequeño que sea, el mío fue un día que yo estaba ansioso por ir a una actividad fuera de los entornos de Lechería y pedí permiso para salir a hacer activismo en el barrio Chorrerón de Guanta, allí tuve un choque de realidad bastante duro, ya que no estaba acostumbrado a hacer activismo en las zonas fuera de Urbaneja. Pude ver a los niños bañarse en lodo como si no existieran infecciones, otros en caminaban desnudos por las calles y algunas personas en toalla escuchando la asamblea que allí se efectuaba; en ese lugar se sentían en carne viva las carencias que el venezolano padece actualmente por culpa de un gobierno indolente. En ese lugar recrudecía más la situación. En otras palabras, hay que salir del sitio de confort y encontrarte con una realidad y una visión de país completamente distinta a la que estaba acostumbrado a vivir a diario; y esa es la esencia de la política, estar al lado de esa persona que de verdad lo necesite y esa también es la esencia de Voluntad Popular por encima de otro partido político, pensar en lo social, más allá de un cargo, de un contrato y de todo esos trabajos que de mi parte sería demasiado hipócrita decir que no existen.

¿Se aceptan críticas en el seno de tu partido? Si pudieras criticarle algo, ¿qué sería?

―Sí, en todo partido político se aceptan las criticas ya que no todos pensamos igual y tenemos enfoques completamente distintos, más aún nosotros que fuimos el primer partido político en escoger a nuestras autoridades en unas elecciones internas, quiero decir con esto que creemos en la democracia, en la libertad de pensamiento y en la diversidad de criterios.

Sobre sus proyecciones dentro de Voluntad Popular Miguel se despoja de eufemismos y tactos inútiles. Su plan es ascender: “Sería muy hipócrita de mi parte decir que no tengo aspiraciones dentro del partido. No creo en una política de mentira donde se nieguen esas cosas, todos tienen ambiciones de llegar al poder, ya que el poder y la política van de la mano. Con la política llegamos a las masas y con el poder podemos ayudar a los otros. Quizás es muy prematuro decirlo pero yo tengo a largo plazo un profundo compromiso con el municipio donde vivo y que me vio crecer, creo que hay muchas cosas rescatables y por ser jóvenes debemos marcar pautas, sin perder el norte que es el trabajo social.

¿Por qué ser activista en un país donde hay presos por razones políticas? ¿No te sientes en peligro?

―El miedo siempre va a existir, pero sinceramente más miedo me da perder las pocas libertades que nos quedan, porque la responsabilidad o el hambre de futuro es responsabilidad de los que estamos en el presente. Si yo no trabajo ahorita por mi país, el día de mañana puede ser que tenga una familia en medio de la delincuencia, en un sistema educativo deficiente, en un sistema de salud que no cumple las condiciones necesarias, por culpa de un régimen indolente cuyo único fin es acabar con Venezuela.

Miguel kasabdji